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Una mirada distinta frente a la muerte: Joche

 

“En el presente cuento a estudiar, la muerte asume el sinónimo de Joche, en este se refleja la mirada común de la costa frente a la muerte, la creencia tradicional de considerarla con festividad y jolgorio. A la vez se incorpora la mirada curiosa de los niños (narrador, Vito y Lando) frente a este hecho»

Por Lee Sandra López Castro  Mg. en Literatura infantil juvenil  y animación a la lectura.

Obra: Los Ermitaños
Cuento: Joche

Autor: Antonio Gálvez Ronceros

“Joche se ha ido para siempre” son las palabras de su entrañable amigo que lo acompañaba corriendo apresuradamente para que no se sintiera solo cuando lo llevaban al cementerio.

Esta mirada de la muerte únicamente puede ser entendida desde una visión de inocencia, ternura y compañerismo que encontramos en los niños. A partir de estas ideas que se esbozan en este párrafo, analizaremos los elementos paratextuales y por último los elementos que conforman la narración del cuento. De tal forma que el análisis global responde al esquema planteado por Gemma Lluch.

Antonio Gálvez Ronceros es considerado por la crítica literaria, como uno de los cuentistas más valiosos de la tradición peruana. Su primer libro de cuentos, Los ermitaños, es un elemento de culto, puesto que es considerado dentro de la literatura proscrita o marginal. Igual situación presentan los Cuadernos de agravios y lamentaciones, Monólogo desde las tinieblas, Historia para reunir a los hombres, entre otros.

Todas estas creaciones consideran una realidad muy poco abordada, puesto que reflejan a una sociedad marginal, el reflejo de la tradición oral y el empleo de un lenguaje oral muy íntimo de la costa del Perú, Chincha. De ahí deriva la clasificación de proscrito.

Ricardo Gonzáles Vigil, caracteriza a Gálvez Ronceros diciendo: «Si bien parece estar vinculada con una vertiente muy activa en las letras peruanas de los años 30 a 60: del realismo social al neorrealismo; sin embargo, la textura de los cuentos de Gálvez Ronceros se aparta de las convenciones de la narrativa realista. Prefiere reelaborar el legado fecundo de la tradición oral: los relatos del pueblo con sabor a fábula, con su dosis de fantasía y humor, con su carácter “ejemplar” o aleccionador, sin omitir su capacidad de aludir corrosivamente a la experiencia cotidiana y el tejido social» (Suplemento Dominical. El Comercio).

La temática presentada en algunas obras refleja también su preocupación social. En Cuadernos de agravios y lamentaciones reúne 11 cuentos escritos en épocas distintas. A través de ellos se aprecia la oposición directa entre explotadores y explotados, en Historias para reunir a los hombres se presenta a la sociedad que sufre (el sector de los que padecen miseria e injusticias) y, en contra de quienes se empeñan, con diligencia vil o con indiferencia, en mantener ese gran dolor.

Podríamos decir que Gálvez Ronceros es un autor vivencial puesto que muchos de los relatos están ambientados en su contexto social de crianza. “Mi infancia transcurrió en Chincha Alta. El mundo rural rodeaba a Chincha, y aún la rodea, de modo que quienes vivíamos en la ciudad realizábamos incursiones a la campiña, ese espacio estaba dominado por el campesino mestizo, el cholo costeño” (Suplemento Dominical. El Comercio).

Se podría decir que para Gálvez Ronceros, la literatura se volvió una forma de hacer un llamado a la sociedad para darnos cuenta que nuestra literatura es más que una creación capitalina.

Como ya se ha mencionado dentro de su literatura prima el uso de una prosa relevante, reflejo de la realidad lingüística e ideológica del hombre costeño. A estas características se le añade el tema de la muerte, vista desde la visión costeña e infantil que según en palabras de Gálvez se convirtió en una obsesión. “Tenía yo una historia que me obsesionaba, elaboraba mentalmente párrafos breves y los «mejoraba» constantemente. Es decir, los corregía. Ese cuento se titula Joche y aparece en Los ermitaños. Es quizá mi cuento más ambicioso porque trata sobre la muerte. Escribirlo me tomó cerca de cuatro años, entre 1957 y 1961. Yo quería terminar mi primer libro y eso significaba terminar aquel cuento, pero sucede que hasta el sesenta me encontraba en Chincha, así que me dije: «si me quedo acá, no termino nunca». Entonces salí para Lima y pude terminar el cuento y escribir uno más” (Suplemento Dominical. El Comercio).

La muerte ha sido un tema de constante reflexión que con el pasar de los años se vuelve en la vida del hombre una preocupación. En unas culturas más que otras, ha sido un tema tabú, y; sin embargo, el tema de la muerte nunca dejó de fascinar tanto a niños como adultos. Este tema ha sido presentado en una gran variedad de obras literarias, abordándola desde diferentes perspectivas.

Por citar algunos autores que sobresalen en el uso de la muerte en sus obras se podría mencionar a Horacio Quiroga que insiste en su intento de destacar los aspectos trágicos, patéticos y lúgubres, que no hacen más que reflejar su visión biográfica; García Márquez en su cuento La muerte en Samarra, le da “vida” a la muerte convirtiéndola en un personaje que se presenta a un joven que en sus intentos de huir de ella lo único que hace es acercarse más; Juan Rulfo presenta en su novela Pedro Páramo una confluencia de la muerte entre sus personajes, desde la visión profética de un aparecido hasta el encuentro de los muertos de Comala en la fosa común.

En el presente cuento a estudiar, la muerte asume el sinónimo de Joche en este se refleja la mirada común de la costa frente a la muerte, la creencia tradicional de considerarla con festividad y jolgorio. A la vez se incorpora la mirada curiosa de los niños (narrador, Vito y Lando) frente a este hecho. Ellos recién se están incorporando a esta tradición y no logran entenderla en su totalidad. Puesto que es contradictorio pensar que tras la ausencia de un ser querido se haga una ceremonia festiva.

La historia se sitúa en el campo que por datos del registro léxico los podemos determinar: hacienda, camino, pampas, chacras. “Hoy, más arriba de la mañanita, se llevaron al Joche al cementerio. El grupo salió por entre las chacras al camino de Chavalinas, pasó el puente y desembocó en la pampa” (Gálvez Ronceros: 88). Por estos datos y las ilustraciones del autor se puede reflejar la identidad de la costa rural.

Abordando el segundo nivel de análisis: los paratextos recaen en las ilustraciones de la obra, cabe resaltar que por el carácter de compromiso e intimismos que Gálvez Ronceros le da a sus obras, optó por realizar las ilustraciones de su cuento. Este se publicó dentro de Los Ermitaños, como apreciamos en la ilustración echa a mano alzada y a carboncillo observamos una casucha y un arbusto, separados por un terrenal. Las tonalidades de fondo son de colores pasteles (poco llamativos y parcos). Esta portada muestra la característica principal de la obra, la simpleza de la zona rural, buscando así reflejar tal y como son las viviendas de la costa en forma realista. Además por la soledad del paisaje que le da un sentido de tristeza o tal vez en el autor de nostalgia.

El anuncio de la muerte de Joche fue comunicado de muchas formas. En la segunda imagen se resalta la reacción de los niños frente a la pérdida de su amigo, en ella es inusual ver al narrador, Vito y Landon entre 11 y 12 años quietos y pensativos. Esta imagen rompe con el jolgorio, vitalidad y carcajadas típicas de los niños. El recostarse en el arbusto y tener una mirada fija por un momento los vuelve adultos, puesto que tienen que enfrentar una situación que nunca antes habían vivido, como es la pérdida de uno de sus cómplices, su amigo de juegos: Joche.

La imagen anterior fue la presentación del cuento y la noticia de una preocupación y confusión en los niños por la muerte de su compañero. En la prosa narran como afrontan esta situación, tanto como una presentación gráfica de la obra.

 

También se presenta el final de ésta, el acompañamiento al cementerio por parte de la comunidad. La imagen muestra a los personajes de espaldas en señal de distancia, como la que tiene Joche frente al juego e inocencia de su edad. Los alrededores de sus arbustos grandes y en tonos negros nos dan la sensación lúgubre de tal situación. Las mujeres detrás con sus vestidos y mantos negros; y los hombres con sus sombreros del campo reflejan una típica vivencia rural de su tradición. La soledad se manifiesta en este momento también en el cielo, ni las nubes, ni los pájaros, ni el sol están presentes. Se han ido, dejando solo a Joche que ya no está con nosotros. Joche se ha ido para siempre.

Gálvez Ronceros, hace uso en la narración de Joche, la noción de impacto, puesto que al inicio de la obra nos da la noticia trágica de la muerte (que es similar con la forma de recibirlo en la vida real). “Lo supimos en la madrugada, pero en la mañanita entramos a verlo. Nos metimos por atrás, por el corral, y encontramos a su madre lagrimeando en la cocina…” (Gálvez Ronceros: 75). En la mente del lector varias preguntas se comienzan a formular: ¿a quién se verá?, ¿quién murió?, ¿por qué no lo vieron antes?, ¿por qué entrar por detrás y a hurtadillas?

En la narración encontramos dos formas distintas de ver la muerte, la visión infantil y la adulta. En la primera se despierta la curiosidad frente a la muerte, necesita ser vista para así poder ser entendida. “¿Por qué el Joche mira telarañas? Él mismo había dicho, llorando, la noche anterior. “Tengo miedo a las telarañas”… ¿Por qué entonces ahora las miraba? Por nuestros ojos, redondos, ya estábamos diciendo: “Si estuviera vivo, se habría levantado para no verlas…” (Gálvez Ronceros: 76). Se presenta el primer encuentro con la muerte, con alguien tan cercano y eso lo hace poco creíble. Necesitan ver el cuerpo y reconocer las características de la muerte para poder entenderla. Joche se vuelve un objeto inalcanzable de escaparse de las mujeres de negro que hacían los preparativos para el velorio y entierro, se convierte en parte de un juego.

A esta edad lo desconocido es atractivo aunque esto implique peligro o riesgo. Por la forma que tienen los niños de tratar a Joche se entiende que aún inconcientemente creen que tiene rasgos vitales. “- Sí, como se bañó por última vez – dijo también Lando y las palabras se les resbalaron de la boca, como lágrimas. Achinando los ojos, Vito preguntó: -¿Por qué visten a los muertos si se los van a comer los gusanos?… ¿Quién quería hablar de las cosas que solo dicen los mayores? Ni siquiera pensar.

-No digas eso, Vito – dije, como pidiendo.
Pero, él ya lo había dicho y sus palabras me persiguieron hasta agarrarme. Clarito vi al Joche comido de gusanos y un frío me cruzó de lado a lado. Tuve vergüenza y quise pegarme. “Perdona, Joche”, me dije. Pero ya lo había visto y sentí miedo de mí mismo, casi como si yo, sin querer, estuviera siendo gusano” (Gálvez Ronceros: 80).

La confusión de los niños es comprensible, como se dijo al iniciar el análisis narrativo, ellos están asimilando la idea de la muerte no antes sentida.
Entre los niños existe un compromiso de permanecer con Joche, no dejarlo solo en este camino que aún no saben a dónde lo llevará. Sus tres amigos en conjunto tratan de encontrar una explicación de cómo se inició este recorrido hacia la muerte. “- Qué tengo que ver yo, ¡carajo! – gritó el caporal y taloneó el vientre del caballo. El joche no hizo más que dar la espalda y correr hacia una orilla. El caballo salió veloz, como un demonio, y se lo llevó por detrás. Nosotros, sus amigos, y el resto de la cuadrilla quedamos mirando sin poder movernos siquiera. De repente vimos a lo lejos al caballo casi encima de Joche, pero el Joche ya llegaba a la orilla y saltaba al otro lado. Creímos que el caporal haría lo mismo, pero plantó el caballo, dio vuelta y empezó a regresar. El Joche no asomaba. Y mientras seguimos en los surcos, tampoco asomó. Cuando acabamos el jornal, apurados fuimos a verlo. Lo encontramos detrás del cerco, junto a unos alambres filudos, con un pie rojito de sangre” (Gálvez Ronceros: 84).

La segunda visión de la muerte que se presenta en la obra es la adulta, ésta es cruda y fría. Desde su padre se percibía ese sentido calculado y sin dolor. “¡Qué quieren! – Al Joche, que ya nos vamos a la hacienda. – ¡El Joche no va! – ¿Sigue mal?- ¡No! ¡Se murió!” (Gálvez Ronceros: 77).

Otro personaje que demuestra esta tradición pueblerina es Vicente Torres. Él es un músico que acompaña en el velorio de Joche, pero en él prima la presencia del baile, música y licor. “La voz de Vicente Torres ya había empujado a hombres y mujeres a bailar. A medida que cantaba, jalaba los labios y enseñaba un diente de oro que brillaba con la luz de las lamparitas. Terminada la primera parte de su canción, se encorvaba sobre la guitarra, ocultando la cara, y empezaba a hacer brotar, clarito, el sonido de las cuerdas… (Gálvez Ronceros: 81).

El pueblo también asume esta ideología de festejar la muerte. “La gente empezaba a caerse de borracha. Los que podían hablar, hablaban de muchas cosas, menos de las que tenían que ver con el Joche. Solo nosotros, escondidos entre los demás, no sacábamos los ojos de encima de él. Había sido nuestro amigo y siempre supo cazar pájaros mejor que nosotros. Mirándole las manos sobre su pecho, estábamos diciendo. – ¿Lo dejará Dios tirar piedras a los pájaros allá en el cielo?” (Gálvez Ronceros: 82).

Esta visión adulta frente a la muerte se ha ido distorsionando. Nuestros antepasados consideraban que este tránsito de vida debía de ser con acompañamiento para que el difunto no se sienta solo, pero los cantos eran religiosos o melancólico, con el pasar del tiempo la tradición se fue perdiendo y se incrementó el baile como pieza principal. Los instrumentos musicales a través de bandas y el licor comenzaron a ser una necesidad.

En esta obra se observa esta evolución, el velorio pierde su importancia hasta en el camino al cementerio y en las afueras de ella llevan su jolgorio. Salvo por el sepulturero que menciona en la entrada del cortejo fúnebre: “Los difuntos están descansando dormiditos.” (Galvez Roncero: 88). En respuesta al deseo de los músicos por entrar al cementerio.

La obra se desarrolló en el lapso de un día, pero en la narración hay retornos al pasado, uno de ellos es el recuerdo que tiene los amigos de Joche para comprender cuándo y dónde se lastimó. Otro caso es el temor que Joche le tenía a las arañas. Después de estas evocaciones el tiempo es lineal.
Otro aspecto que ya se veía reflejado con las ilustraciones era la fineza de como presentar lo simple. Esta fineza también se observa en el estilo del autor. Siendo el cuento ambientado en un ámbito pueblerino no cae en el uso de términos chabacanos, ni rústicos. Le da a su obra una limpieza lingüística que demuestra su cuidado y minuciosidad de centrarse en su eje que en este caso es la muerte.

Al finalizar la obra, el narrador refleja la cólera que tenía con respecto a la forma de actuar de los adultos frente a esta situación. Se asume un compromiso de revancha y rencor por no respetar la muerte y el dolor de la pérdida de un amigo. “ Y entonces yo me he venido a casa pensando en muchas cosas: en el padre del Joche… , en Joche que con sus doce años, uno más que nosotros, se ha ido para siempre; en que tú me castigarás por no haber venido estos días; pero más que todo, madre, en que ojalá yo tenga esas manos del Joche, para tirarles piedras a su padre, al caporal y a toda esa mala gente, con esa puntería que él tenía para traerse abajo cernícalos y lechuzas” (Gálvez Ronceros: 91).

Con esta obra se muestra la perspectiva que tiene los niños con respecto a la muerte, se podría entender que aún no presentan la malicia en su corazón, más bien los vínculos afectivos que tenían con Joche le hacen tener esta visión de compromiso frente al amigo muerto.